Un acto (de amor) inconsciente

Cartas de papá · 1 octubre, 2015

La respuesta para aquellos que alguna vez decidimos concretar el acto de ser padres.

Soy hijo único, producto del amor y la pasión desbordada de unos jóvenes de dieciocho años. Así fue, los abuelos de mis hijos se comieron la torta antes del recreo, en otras palabras, no puedo asegurar que fui un hijo deseado pero estoy convencido que sí fruto del deseo. También puedo presumir que siempre me he sentido amado por mis padres.

Sin embargo, las dificultades de ser un hijo no planeado a tan corta edad contribuyeron a que creciera más con mis abuelos que con mis papás: ellos tuvieron que salir a trabajar para sobrevivir. Quizás el haberme sentido un poco abandonado fue una razón de que yo sostuviera por muchos años que no tendría hijos.

Cuando alguien me preguntaba la razón de mi abstinencia paternal, yo soltaba una colección de argumentos que representaban una molestia de sólo imaginarlos: desvelarse, cambiar pañales, bajar la fiebre, pagar doctores, gastar en pañales, llevarlos a la escuela, alimentarlos, vestirlos, perder mi independencia, que mi auto se ensuciara de cosas pegajosas, que mi ropa se llenara de baba, aguantar la adolescencia, sufrir esperándolos del antro, en fin, no había argumento que me hiciera cambiar de posición hasta que mi comadre y mejor amiga me dijo: “La decisión de ser padre debe ser un acto inconsciente porque si lo piensas nunca te atreves”.

Esta frase fue contundente. Si bien no repetiría la historia de mis padres, principalmente porque yo ya había rebasado los 30 años, me llegó la chispa para entregarme a la dosis de aventura y deporte extremo que representa tener un hijo. Claro que también contribuyó la linda presión de mi mujer: “Si no me embarazo este año ya no tendremos hijos”. Así, con 37 años de edad me convertí en padre primerizo del sensible Franco y dos años después llegó la guerrera Mia. Ambos subieron de nivel mi existencia.

Si era un buen tipo, al ser papá soy un mejor hombre. Si ya sonreía ahora carcajeo. Si era trabajador, hoy valoro cada logro profesional porque representa un mayor bienestar para ellos. Si tenía una casa, con su llegada logré un hogar. Si amaba viajar solo con mi mujer, hoy pedir mesa para cuatro me hace sentir jefe. Si la cama era grande, ahora es tan pequeña que de ella se desbordan amor y uno que otro pie. Si amaba a mi esposa, su maternidad la volvió intocable. Al escribir esto tengo sentimientos encontrados.

Por un lado que bueno que no fui papá joven porque era muy inmaduro y estoy seguro que hoy mis hijos tienen un hombre como padre. Por otro lado, de pronto saboreo cierto arrepentimiento de no haber iniciado antes este camino, esta ruta que será más corta para mí. Por eso, en cada momento fotografío en mi memoria cada gesto, soy cómplice de cada travesura inocente, afino mi oído para escuchar lo que no dicen sus palabras, abro los ojos para encontrar en los suyos aquellos miedos que yo tenía de pequeño y ayudarles a despejarlos. Al leer esto, me río de mis viejos argumentos para no tener un hijo.

Les he preguntado a muchos papás vía Twitter cómo definen ser padres y me gustó la frase de @elbrujopatron: “Ser papá es volver a nacer y darse cuenta que vale la pena crecer”. Al menos yo sí renací con mis hijos y crezco con ellos. ¿Quién no?

P.D. El exfutbolista Jorge Valdano dijo: “El fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes”. Yo pregunto ¿qué es lo más importante entre las cosas más importantes? Sin duda contestarás que tus hijos. Es la respuesta incondicional que existe para aquellos que alguna vez decidimos concretar el acto inconsciente de ser padres.

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