Prohibido castigar: corrigiendo malos hábitos

Redacción bbmundo · 27 enero, 2015

Los malos hábitos son difíciles de corregir pero no es tarea imposible.

Por Nancy Steinberg 

Hola mis queridas seguidoras, ¡qué gusto saludarlas nuevamente en este espacio! Basándonos en el ejemplo de una mamá, hoy analizaremos algunos de los errores más comunes en los que caen y veremos cómo se pueden aplicar las estrategias del Movimiento Prohibido Castigar © para resolver ésta y otras situaciones.

 “Mi hijo Daniel tiene 2 años y 9 meses. Tiene aproximadamente 7 meses que se chupa el labio inferior y aún no sé por qué lo hace. Le llamo la atención cuando veo que se lo chupa, también he intentado asustarlo diciéndole que se le caerán los dientes y ya no podrá comer cereal. Le he quitado sus caricaturas y nada funciona. Sólo me dice que no lo hará y a los 5 minutos ya se lo está chupando de nuevo. Incluso cuando está dormido en ocasiones escucho que se lo está chupando. Cuando más se chupa el labio es cuando está viendo las caricaturas y cuando se quiere dormir.” 

 Esta mamá menciona: Tiene aproximadamente 7 meses que se chupa el labio inferior y aun no sé por qué lo hace. Muchas veces las mamás se quedan “atoradas” en tratar de descubrir o entender por qué su niño tiene cierta conducta; y es que lo importante no es saber por qué hace algo, sino encontrar la forma de que deje de hacerlo. Tal es el caso de la mayoría de los malos hábitos: chuparse el dedo, morderse las uñas, sacarse los mocos, arrancarse los pellejitos, etc. Pedirle a un niño que te explique por qué hace algo es inútil – ya hemos visto que muchas veces no lo sabe – y, si lo sabe, tiene temor de decirlo porque puede ser castigado.

Daniel tiene un mal hábito: se chupa el labio inferior, y como la mayoría de los malos hábitos, éste ocurre de manera automática: “Incluso cuando está dormido en ocasiones escucho que se lo está chupando. Cuando más se chupa el labio es cuando está viendo las caricaturas y cuando se quiere dormir.”

Muchos niños se chupan el dedo, juegan con un mechón de su cabello o se hacen caricias con una cobijita cuando se van quedando dormidos; en el caso de Daniel, esta conducta se produce en forma repetitiva a lo largo del día y los intentos de la mamá por eliminarla no han sido efectivos. Ya hemos visto que castigar o amenazar nunca produce el efecto deseado;  al momento en que Daniel toma conciencia de que está chupándose el labio hace intentos por controlar la conducta: “Le he quitado sus caricatura y nada funciona. Sólo me dice que no lo hará y se la vuelvo a poner y a los 5 minutos ya se lo está chupando de nuevo.”

¡Claro! Por un lado, cuando el niño baja la guardia, la conducta regresa en forma automática. Y por el otro, cuando la mamá prende nuevamente la televisión, lo hace ante la promesa del niño de que va dejar de hacerlo, de manera que él no puede experimentar las consecuencias de sus acciones. En este caso, prender la televisión debería ser la consecuencia de un aumento en el tiempo durante el que Daniel no se chupa el labio. ¿Lo ven?

La mamá podría intentar decir frases como la siguiente:

  • “Cuando tú te chupas el labio te estás haciendo daño; yo sé que tú tratas de controlarlo pero no lo estás logrando. Vamos a trabajar juntos para vencer este problema. Yo voy a mirar mi reloj y cada vez que logres tener tu lengua quieta, voy a hacer un sonido. Así sabrás que estás controlando el problema.”

Esto debería ser suficiente cuando el niño está motivado para vencer el problema; pero Daniel se ha acostumbrado a que cuando se chupa el labio, la mamá le apaga la televisión y así podemos utilizar esta acción para premiar la conducta que queremos lograr. Así entonces la mamá podría agregar:

  •  “Cada vez que escuches el sonido sabrás que te has ganado cinco minutos más de ver la televisión.” De esta forma la conducta deseada es premiada y no la promesa de dicha conducta, lo que le permitirá al niño ir conociendo las consecuencias de sus acciones.

Si bien los premios no son mi estrategia favorita, los prefiero con mucho por encima de los castigos y creo que son una magnífica herramienta en el caso de la corrección de una conducta siempre y cuando se manejen de la forma correcta, por el tiempo correcto y se vayan retirando poco a poco hasta que la conducta se mantenga por sí misma.

¿Y qué debe hacer nuestra amiga cuando la incorrecta conducta se presenta? Veamos una nueva estrategia: ignorarla.

¡Sí! Otro de los graves errores en los que incurren las mamás es prestar atención al niño cuando la conducta indeseable se presenta de tal manera que el niño recibe mucha atención en los momentos inapropiados y no recibe atención en los momentos adecuados. Esto quiere decir que, para corregir el mal hábito, cuando Daniel se chupa el labio, ella no le debe prestar atención; pero cuando su conducta es adecuada debe recibir la atención de la mamá: hacer un sonido por lo que él se ganará el derecho de seguir viendo la televisión. Por cierto: este sonido puede ser “qué bien, Daniel; ¡tu lengua está quietecita!”

En cuestiones de conducta, el orden de los factores sí altera el resultado: el niño debe presentar la conducta correcta primero y después recibir la consecuencia positiva de su acción.

Veamos ahora un video de Kushi, inspiración y resultado del Movimiento Prohibido Castigar ©. En él podrás observar el proceso de Aprendizaje de Precisión; nota que, cuando comete un error yo lo ignoro; inmediatamente después repito la instrucción y si lo hace bien recibe su premio. Enseguida le doy oportunidad de volver a practicar para tener éxito.

Escucha también que cada acierto va acompañado de un sonido; éste poco a poco va a sustituir al premio hasta que finalmente, cuando la conducta esté establecida, ambos desaparecerán. Lo mismo ocurrirá con Daniel: una vez que no se chupe el labio, mamá no tendrá que hacer un sonido o dar un premio.

Practica estos dos principios y disfruta la convivencia con tus hijos.

Gracias a todas ustedes por escribir , ¡nos vemos la próxima semana!

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